El Espacio Mamás Kiosqueras es un ejemplo vivo de cómo la solidaridad y el trabajo en comunidad pueden transformar la vida escolar. Su historia comenzó en 1978, cuando un grupo de alumnas de secundaria se dio cuenta de que algunos compañeros no podrían pagar el viaje a Bariloche. Para ayudarlos, pensaron en vender productos durante los recreos, utilizando las ganancias para colaborar con quienes más lo necesitaban.
Con la autorización del colegio, y apoyadas inicialmente por un pequeño Kiosco de chapa, comenzaron a organizarse. Pronto, la actividad creció y se consolidó como un espacio solidario y educativo, gestionado por madres de la comunidad de manera ad honorem, fomentando valores de colaboración y cercanía con los estudiantes.
Una comunidad que crece y se organiza
Hoy participan entre 38 y 40 mamás, distribuidas en diez turnos diarios que cubren el horario escolar. Cada turno está formado por dos a cuatro madres, quienes combinan su participación con otras responsabilidades, formando grupos de amigas y colaboración constante.
Más que un quiosco: un proyecto solidario
Como nos cuenta Silvina Velázquez Bosaz, una de las tantas mamás (y también papás) kiosqueras, el objetivo original —ayudar a los compañeros— evolucionó hacia un proyecto solidario abierto a la comunidad. Nos cuenta que hoy, “las ganancias del quiosco se destinan a merenderos, comedores y organizaciones que trabajan con personas con discapacidad, combinando donaciones en mercadería y dinero, así multiplicamos nuestro impacto”. Entre las instituciones beneficiadas se encuentran:
- Peques Libres, Panel de Miel y Petacas: merenderos locales que brindan alimentos y actividades a niños.
- Colegio de No Videntes Julián Baquero: apoyo en rehabilitación y motricidad.
- Vaso de Leche Conín: asistencia y rehabilitación para personas con discapacidad.
- Colegio Rural Los Sauces y Nuevo Progreso: colaboración en apoyo escolar y actividades deportivas.
Educación, nutrición y hábitos saludables
El quiosco también refleja la preocupación por la salud y el bienestar de los estudiantes. Los productos se seleccionan cuidadosamente: jugos sin azúcar agregada, agua mineral y alimentos frescos preparados diariamente, incluyendo pan, alfajores y brownies caseros. Todo esto busca incentivar una alimentación equilibrada y nutritiva, en línea con las normativas de etiquetado vigentes.
Aprender colaborando
Más allá de los productos, el quiosco permite a los estudiantes desarrollar habilidades sociales, aprender a colaborar y valorar la solidaridad. Participan en actividades especiales, ferias y jornadas escolares, contribuyendo a la distribución de alimentos y apoyando proyectos comunitarios. Además, las instituciones beneficiadas visitan el colegio para compartir su labor, cerrando el círculo entre solidaridad, aprendizaje y compromiso social.
El espacio Mamás Kiosqueras es, en definitiva, un punto de encuentro entre familias, estudiantes y docentes, donde la solidaridad se aprende en acción, y donde la comunidad de Academia Argüello se fortalece día a día.











